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Algo más sobre el orden y la razón

Autor: Carlos Berro Madero

Algo mas sobre el orden y la razón Por Carlos Berro Madero

“El orden social sólo se establece plenamente cuando queda determinado de un modo absoluto LO QUE LA RAZÓN DEBE DICTAR y cada ciudadano puede reconocerlo claramente”
-Azorín

 

Durante siglos la sociedad antigua reposó sobre la fe. Hoy, la sociedad se basa –desafortunadamente-, en la opinión, que es anárquica en su esencia.

Lo ha probado en estas semanas el desordenado debate sobre el matrimonio homosexual -alentado por los Kirchner entre bambalinas-, seguido de cerca por los dimes y diretes del procesamiento del ingeniero Macri por parte de una Justicia Federal sospechada públicamente.

Quizá haya que analizar más a fondo estas cuestiones -y aún otras-, para descubrir las ficciones que han querido representarse mediante una falsa invocación a la libertad de ciertas minorías que terminaron fraccionando en mil pedazos a los protagonistas principales.

Es evidente que ni el sufragio popular, restituido luego de los gobiernos militares, ha podido cohesionar aún a las fuerzas sociales, ni dar una dirección racional a quienes combaten –podría decirse que “armados hasta los dientes”- para mantener un equilibrio democrático muy “sui generis”. Un equilibrio afectado por una polarización violenta que termina generando finalmente resultados trágicos irreparables.

Nuestro acontecer cambia de rumbo constantemente hasta convertirlo en algo incierto: nos hallamos en un período de verdadera desorientación política, social y cultural. No ha habido acaso época anterior a ésta tan angustiosa.

¿Cómo resolver este conflicto?

Un buen comienzo sería que en la vida cotidiana comenzáramos a pasar por alto algunas pequeñas cosas con cierta benevolencia, esperando que algunas de ellas tomen un cauce natural por sí mismas. Y que en la vida pública se actuara de igual manera, sin ponernos “fieros y atravesados” ante episodios que podrían resolverse a través de un diálogo civilizado.

Sería al menos un intento que podría rescatarnos, poco a poco, del odio y el resentimiento que parecen haberse apoderado de una sociedad que demuestra estar psicológicamente enferma.

Mientras una palabra, un gesto, un ademán, un ligero desdén, una inflexión de cólera, sigan teniendo una importancia decisiva en la exteriorización de algunas opiniones personales, prevalecerán políticamente las nuevas tiranías “democráticas” que aparecen de la nada, como la zorra que destroza el gallinero y aprovecha para comerse a las gallinas.

No sigamos admitiendo a ciegas cualquier valor; no cubramos con palabras decorativas y pomposas algunas máculas seculares; ni nos prestemos a que, con el ruido de discursos pomposos y grandilocuentes, continúe dominando la perversidad de lo nocivo.

Deberíamos hacer un esfuerzo PARA NO DEJARNOS LLEVAR POR EL PRURITO DE LAS LIBERTADES MAL ENTENDIDAS, que han propiciado siempre a través de la historia el oscurecimiento de la verdad.

Cuando una nación sufre reiteradamente la presión encubierta de los partidarios de lo corrupto y lo podrido en materia política, debería detenerse un instante lo suficientemente largo y generoso para examinar qué existe debajo de esas apariencias.

El enfrentamiento irracional de una sociedad dividida, donde se pretende reivindicar SOLAMENTE el derecho de supuestas minorías que alientan sus proyectos personales, va encontrando en esa trampa un agravamiento de sus males.

En efecto, el orden y la razón –bases insustituibles del derecho-, no deben contentarse con distinguir rigurosamente las distintas arbitrariedades, sino que, dentro de lo que podríamos denominar como “injusticia subjetiva”, deberían expresar, con inteligencia y discernimiento, todas las variadas gradaciones que emanan de LAS FORMAS, EL MODO Y LA IMPORTANCIA DE LAS COSAS.

Es muy posible que estos pensamientos resulten excesivamente refinados para quienes hoy pujan por resolver sus controversias por medio de violentas luchas antagónicas. Pero la sutil degradación moral a que nos ha ido arrastrando paulatinamente el gobierno de los Kirchner, obliga a replantear seriamente nuestra realidad.

Si no somos capaces de despertar a tiempo, nuestro futuro, lejos de ser tan promisorio como intentan transmitirnos cínicamente quienes detentan el poder, nos depositará en un camino sin retorno ni horizonte alguno.

carlosberro@arnet.com.ar

 


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