La inflación no cesa, nadie por otra parte se ocupa, las “garrafas
sociales” brillan por su ausencia (situación que no ha de suceder el próximo
invierno cuando las elecciones estén en demasía cerca); la inseguridad se sigue
cobrando víctimas día tras día
La inflación no cesa, nadie por otra parte se ocupa, las “garrafas
sociales” brillan por su ausencia (situación que no ha de suceder el próximo
invierno cuando las elecciones estén en demasía cerca); la inseguridad se sigue
cobrando víctimas día tras día; la crisis energética hace mella mientras,
impunemente, se la niega.
Las giras de la Presidente arrojan idénticos resultados:
éxitos para las crónicas oficialistas y fracasos para la realidad argentina…
En definitiva, no se ha modificado un ápice el escenario político en los
últimos días. Aquellos regodeos que se producen cuando asoma la creencia de que
Néstor Kirchner ha perdido la iniciativa responden más a deseos reprimidos por
un gobierno que asfixia con su metodología, que a aquello que en verdad sucede
en esta geografía. Sostener que el matrimonio presidencial está debilitado no
basta para modificar los cauces de la política.
Basta observar que una vez que el Congreso decide
legislar, todo puede darse vuelta gracias a la falta de escrúpulos de los
operadores oficialistas, y a la obediencia debida que reina en el kirchnerismo.
La población vive esas sesiones en el recinto como un Boca-River
donde el resultado siempre es impredecible aunque haya un dato que, de algún
modo, adelanta el final del debate: el gesto adusto o distendido de Miguel
Ángel Pichetto.
Si las cámaras estuviesen en los despachos de los llamados “representantes
del pueblo” en lugar de transmitir lo que ocurre en el recinto, otro sería el
cantar, y la sociedad en su conjunto podría darse cuenta qué define los votos a
favor o en contra de un proyecto. Hablar de voluntades y libertad de conciencia
es una afrenta a la coherencia.
Lo cierto es que los
hechos de la última semana, de alguna manera, han dado comienzo a la trama
proselitista con miras al 2011 más que otorgar derechos a una minoría,
destrabar el comercio con China o anular las posibilidades de Mauricio Macri
para encarar una carrera que él mismo inició sin demasiadas previsiones.
Con los fuegos artificiales del Bicentenario y la derrrota
en el Mundial
se acabó la paz y la ingenuidad para quienes pretendían soluciones reales a los
conflictos que acechan a la
Argentina. De ahora en más, se abre el juego de poderes donde
priman las internas y las chicanas están a la orden del día.
En Olivos todo son cuentas. No hay forma de abultar las cifras a pesar de los
triunfos que se cosechan en apariencia. El “matrimonio” entre personas del
mismo sexo no encuentra en sus orígenes a los Kirchner como artífices, sin
embargo son ellos quienes sacarán provecho. En rigor, el éxito lo miden en la
posibilidad de seguir distrayendo al pueblo, y demostrar un poder que se creía
perdido frente a un “adversario” como la Iglesia. Era una
asignatura pendiente para el kirchnerismo.
Medirse contra dos mil años de poder es un desafío inexpugnable para quién
sufre el síndrome de “Yo el Supremo”. Ahora bien ¿quién le garantiza a
los Kirchner que los homosexuales lo votarán porque les facilitó un derecho? De
ser así, si mañana el gobierno le otorga algún beneficio a la clase media, ¿esta
correrá ciegamente a ensobrar su boleta? Si eso sucediese, más que poner en
tela de juicio la cordura de los K habría que empezar por analizar qué pasa en
la sociedad, y advertir que el eje del problema está en otro lugar.
La oposición, mientras tanto, no termina de acomodarse en el tablero. Pierde
casilleros sin asidero, avanza un paso y retrocede dos. El diálogo en ese
sector es también un anatema y una asignatura pendiente. Ya pasó marzo, pasó el
año de la elección, pasaron las excusas queda la ineficencia
manifiesta.
A muchos de ellos les espera la característica avanzada kirchnerista,
aquella que jaqueó alguna vez a Enrique Olivera, que intentó voltear a Francisco De Narvaez con el tema de la efedrina, que pretendió
relacionar a Claudio
Lozano y Pino Solanas con un espía cuya guarida estaba debajo de un escritorio
en el Ministerio de Economía, la misma que sacudió el humor de Luis Juez no
hace más de un mes…
¿Están preparados los supuestos opositores para semejantes zancadillas? Se verá
los próximos días. Lo que sigue siendo más preocupante es que si acaso no están
preparados para superar esta metodología, muy dificilmente
lo estarán para sacar adelante un país que, mal o bien, dentro de un año tendrá
a los Kirchner del otro lado del poder, y a veces puede suceder que ambas
veredas, en realidad, terminen siendo las dos cara de una misma moneda.
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